RV1909

1 Pedro 2

Dos imágenes ordenan este capítulo. Primero los lectores son recién nacidos que anhelan la "leche espiritual no adulterada" (v.2); luego son piedras vivas edificadas en casa espiritual sobre Cristo, la piedra angular que los edificadores desecharon. La misma piedra honra a unos y hace tropezar a otros. Desde el versículo 11 el tono se vuelve práctico: vivir con honradez entre los pueblos, someterse a las autoridades y a los amos, y leer el sufrimiento a la luz de Cristo, que llevó los pecados en el madero (v.24).

Lectura paralela
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1 Pedro 2 (RV1909)
  1. 1

    DEJANDO pues toda malicia, y todo engaño, y fingimientos, y envidias, y todas las detracciones,

  2. 2

    Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual, sin engaño, para que por ella crezcáis en salud:

  3. 3

    Si empero habéis gustado que el Señor es benigno;

  4. 4

    Al cual allegándoos, piedra viva, reprobada cierto de los hombres, empero elegida de Dios, preciosa,

  5. 5

    Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados una casa espiritual, y un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables á Dios por Jesucristo.

  6. 6

    Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en ella, no será confundido.

  7. 7

    Ella es pues honor á vosotros que creéis: mas para los desobedientes, la piedra que los edificadores reprobaron, ésta fué hecha la cabeza del ángulo;

  8. 8

    Y Piedra de tropiezo, y roca de escándalo á aquellos que tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; para lo cual fueron también ordenados.

  9. 9

    Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas á su luz admirable:

  10. 10

    Vosotros, que en el tiempo pasado no erais pueblo, mas ahora sois pueblo de Dios; que en el tiempo pasado no habíais alcanzado misericordia, mas ahora habéis alcanzado misericordia.

  11. 11

    Amados, yo os ruego como á extranjeros y peregrinos, os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma,

  12. 12

    Teniendo vuestra conversación honesta entre los Gentiles; para que, en lo que ellos murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen á Dios en el día de la visitación, estimándoos por las buenas obras.

  13. 13

    Sed pues sujetos á toda ordenación humana por respeto á Dios: ya sea al rey, como á superior;

  14. 14

    Ya á los gobernadores, como de él enviados para venganza de los malhechores, y para loor de los que hacen bien.

  15. 15

    Porque esta es la voluntad de Dios; que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres vanos:

  16. 16

    Como libres, y no como teniendo la libertad por cobertura de malicia, sino como siervos de Dios.

  17. 17

    Honrad á todos. Amad la fraternidad. Temed á Dios. Honrad al rey.

  18. 18

    Siervos, sed sujetos con todo temor á vuestros amos; no solamente á los buenos y humanos, sino también á los rigurosos.

  19. 19

    Porque esto es agradable, si alguno á causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente.

  20. 20

    Porque ¿qué gloria es, si pecando vosotros sois abofeteados, y lo sufrís? mas si haciendo bien sois afligidos, y lo sufrís, esto ciertamente es agradable delante de Dios.

  21. 21

    Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas:

  22. 22

    El cual no hizo pecado; ni fué hallado engaño en su boca:

  23. 23

    Quien cuando le maldecían, no retornaba maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente:

  24. 24

    El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos á los pecados, vivamos á la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados.

  25. 25

    Porque vosotros erais como ovejas descarriadas; mas ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

De no-pueblo a sacerdocio real

Los versículos 9-10 reúnen sobre esta audiencia dispersa los títulos antes reservados a Israel: linaje escogido, real sacerdocio, nación santa. El eje es la misericordia: antes no eran pueblo, y ahora son pueblo de Dios.

Esa nueva identidad da coherencia a la ética que sigue. La sumisión que se pide desde el versículo 13 no es servilismo, sino la conducta de un pueblo cuya dignidad ya está asegurada, dispuesta a callar la calumnia con buenas obras visibles (v.12).

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