RV1909
Cantares 6
Las hijas de Jerusalén preguntan adónde se fue el amado, y ella responde que bajó a su huerto a recoger lirios. Luego él la elogia comparándola con dos ciudades, Tirsa y Jerusalén, y la coloca por encima de sesenta reinas y ochenta concubinas como la paloma única. Mira los versículos finales: un paseo al nogal para ver si brotaba la vid se desliza de pronto hacia una línea sobre carros, y el capítulo cierra con voces que piden a la Sulamita que vuelva para mirarla.
- 1
¿DÓNDE se ha ido tu amado, oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Adónde se apartó tu amado, y le buscaremos contigo?
- 2
Mi amado descendió á su huerto, á las eras de los aromas, para apacentar en los huertos, y para coger los lirios.
- 3
Yo soy de mi amado, y mi amado es mío: él apacienta entre los lirios.
- 4
Hermosa eres tú, oh amiga mía, como Tirsa; de desear, como Jerusalem; imponente como ejércitos en orden.
- 5
Aparta tus ojos de delante de mí, porque ellos me vencieron. Tu cabello es como manada de cabras, que se muestran en Galaad.
- 6
Tus dientes, como manada de ovejas que suben del lavadero, todas con crías mellizas, y estéril no hay entre ellas.
- 7
Como cachos de granada son tus sienes entre tus guedejas.
- 8
Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas, y las doncellas sin cuento:
- 9
Mas una es la paloma mía, la perfecta mía; única es á su madre, escogida á la que la engendró. Viéronla las doncellas, y llamáronla bienaventurada; las reinas y las concubinas, y la alabaron.
- 10
¿Quién es ésta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden?
- 11
Al huerto de los nogales descendí á ver los frutos del valle, y para ver si brotaban las vides, si florecían los granados.
- 12
No lo supe: hame mi alma hecho como los carros de Amminadab.
- 13
Tórnate, tórnate, oh Sulamita; tórnate, tórnate, y te miraremos. ¿Qué veréis en la Sulamita? Como la reunión de dos campamentos.
Tirsa y Jerusalén
El elogio repite imágenes del capítulo 4 —el cabello como rebaño de cabras, los dientes como ovejas lavadas—, pero lo nuevo es nombrar dos capitales reales. Tirsa y Jerusalén la presentan como lugar de hermosura y sede de poder, no solo como rostro.
Frente a eso, el versículo 9 insiste en que ella no es una más entre tantas reinas: es la hija única de su madre, y hasta las reinas que podrían rivalizar terminan alabándola.
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