RV1909

Eclesiastés 3

El famoso poema de los tiempos abre el capítulo: catorce pares—tiempo de nacer y de morir, de plantar y de arrancar, de llorar y de reír, de guerra y de paz (vv. 2-8). Parece una meditación, pero el Predicador lo usa para volver a su pregunta en el v. 9: ¿qué provecho da todo ese trabajo? La clave es el v. 11: Dios puso eternidad en el corazón del hombre, y a la vez le esconde la obra entera.

  1. 1

    PARA todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo:

  2. 2

    Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;

  3. 3

    Tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;

  4. 4

    Tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;

  5. 5

    Tiempo de esparcir las piedras, y tiempo de allegar las piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar;

  6. 6

    Tiempo de agenciar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de arrojar;

  7. 7

    Tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;

  8. 8

    Tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

  9. 9

    ¿Qué provecho tiene el que trabaja en lo que trabaja?

  10. 10

    Yo he visto el trabajo que Dios ha dado á los hijos de los hombres para que en él se ocupasen.

  11. 11

    Todo lo hizo hermoso en su tiempo: y aun el mundo dió en su corazón, de tal manera que no alcance el hombre la obra de Dios desde el principio hasta el cabo.

  12. 12

    Yo he conocido que no hay mejor para ellos, que alegrarse, y hacer bien en su vida:

  13. 13

    Y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.

  14. 14

    He entendido que todo lo que Dios hace, eso será perpetuo: sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y hácelo Dios, para que delante de él teman los hombres.

  15. 15

    Aquello que fué, ya es: y lo que ha de ser, fué ya; y Dios restaura lo que pasó.

  16. 16

    Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí la impiedad; y en lugar de la justicia, allí la iniquidad.

  17. 17

    Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay tiempo á todo lo que se quiere y sobre todo lo que se hace.

  18. 18

    Dije en mi corazón, en orden á la condición de los hijos de los hombres, que Dios los probaría, para que así echaran de ver ellos mismos que son semejantes á las bestias.

  19. 19

    Porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal, el mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros; y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia: porque todo es vanidad.

  20. 20

    Todo va á un lugar: todo es hecho del polvo, y todo se tornará en el mismo polvo.

  21. 21

    ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres suba arriba, y que el espíritu del animal descienda debajo de la tierra?

  22. 22

    Así que he visto que no hay cosa mejor que alegrarse el hombre con lo que hiciere; porque esta es su parte: porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?

El hombre y la bestia, un mismo aliento

Pasado el poema, el capítulo se oscurece: en el lugar del juicio halla impiedad (v. 16), y prueba al hombre para mostrar que, en la muerte, no tiene ventaja sobre la bestia (v. 19): todos del polvo, todos al polvo vuelven. El consejo repetido de gozarse en la propia obra (v. 22) se ofrece justo contra ese horizonte que iguala a todos.

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