RV1909

Ezequiel 9

El recorrido del capítulo 8 se vuelve sentencia. Seis verdugos llegan por la puerta alta del norte, y entre ellos un varón vestido de lino lleva un tintero de escribano. Antes de la matanza, es enviado por Jerusalén a marcar la frente de los que gimen y claman por las abominaciones de la ciudad. Observe dónde empieza el juicio: "habéis de comenzar desde mi santuario" (v.6). El templo, profanado en el capítulo 8, es lo primero en ser herido, y los ancianos ante la casa son los primeros en caer.

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Ezequiel 9 (RV1909)
  1. 1

    Y CLAMÓ en mis oídos con gran voz, diciendo: Los visitadores de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir.

  2. 2

    Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que está vuelta al aquilón, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir. Y entre ellos había un varón vestido de lienzos, el cual traía á su cintura una escribanía de escribano; y entrados, paráronse junto al altar de bronce.

  3. 3

    Y la gloria del Dios de Israel se alzó de sobre el querubín sobre el cual había estado, al umbral de la casa: y llamó Jehová al varón vestido de lienzos, que tenía á su cintura la escribanía de escribano.

  4. 4

    Y díjole Jehová: Pasa por medio de la ciudad, por medio de Jerusalem, y pon una señal en la frente á los hombres que gimen y que claman á causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.

  5. 5

    Y á los otros dijo á mis oídos: Pasad por la ciudad en pos de él, y herid; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia.

  6. 6

    Matad viejos, mozos y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno: mas á todo aquel sobre el cual hubiere señal, no llegaréis; y habéis de comenzar desde mi santuario. Comenzaron pues desde los varones ancianos que estaban delante del templo.

  7. 7

    Y díjoles: Contaminad la casa, y henchid los atrios de muertos: salid. Y salieron, é hirieron en la ciudad.

  8. 8

    Y aconteció que, habiéndolos herido, yo quedé y postréme sobre mi rostro, y clamé, y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ¿has de destruir todo el resto de Israel derramando tu furor sobre Jerusalem?

  9. 9

    Y díjome: La maldad de la casa de Israel y de Judá es grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangres, y la ciudad está llena de perversidad: porque han dicho: Dejado ha Jehová la tierra, y Jehová no ve.

  10. 10

    Así pues, yo, mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia: el camino de ellos tornaré sobre su cabeza.

  11. 11

    Y he aquí que el varón vestido de lienzos, que tenía la escribanía á su cintura, respondió una palabra diciendo: Hecho he conforme á todo lo que me mandaste.

La única objeción del profeta

Cuando Ezequiel cae sobre su rostro y clama: "¿Destruirás todo el resto de Israel?" (v.8), es el raro momento en que intercede en vez de anunciar. La respuesta no tiene piedad: la maldad es grandísima, la tierra está llena de sangre.

La frase que ellos repiten, "Jehová ha dejado la tierra, y Jehová no ve" (v.9), recoge casi al pie de la letra el capítulo 8 versículo 12, con las dos cláusulas invertidas. La marca y la matanza son la respuesta directa de Dios a esa misma negación.

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