RV1909

Isaías 1

Isaías no comienza con un relato sino con una citación judicial: cielos y tierra son llamados como testigos contra Judá. Dios llama a su pueblo hijos rebeldes, más torpes que el buey que conoce el pesebre de su dueño; la tierra ya está quemada y sus fiestas y sacrificios le cansan. Fíjate cómo la acusación gira hacia un mandato: lavaos, dejad de hacer mal, aprended a hacer justicia, amparad al huérfano y a la viuda. Luego llega la oferta del versículo 18 y un cierre que separa a la Sión redimida de los rebeldes que arderán como estopa.

Lectura paralela
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Isaías 1 (RV1909)
  1. 1

    VISIÓN de Isaías hijo de Amoz, la cual vió sobre Judá y Jerusalem, en días de Uzzías, Jotham, Achâz y Ezechîas, reyes de Judá.

  2. 2

    Oid, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y engrandecílos, y ellos se rebelaron contra mí.

  3. 3

    El buey conoce á su dueño, y el asno el pesebre de su señor: Israel no conoce, mi pueblo no tiene entendimiento.

  4. 4

    ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron á Jehová, provocaron á ira al Santo de Israel, tornáronse atrás.

  5. 5

    ¿Para qué habéis de ser castigados aún? todavía os rebelaréis. Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente.

  6. 6

    Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa ilesa, sino herida, hinchazón y podrida llaga: no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.

  7. 7

    Vuestra tierra está destruída, vuestras ciudades puestas á fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida de extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños.

  8. 8

    Y queda la hija de Sión como choza en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada.

  9. 9

    Si Jehová de los ejércitos no hubiera hecho que nos quedasen muy cortos residuos, como Sodoma fuéramos, y semejantes á Gomorra.

  10. 10

    Príncipes de Sodoma, oid la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.

  11. 11

    ¿Para qué á mí, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Harto estoy de holocaustos de carneros, y de sebo de animales gruesos: no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.

  12. 12

    ¿Quién demandó esto de vuestras manos, cuando vinieseis á presentaros delante de mí, para hollar mis atrios?

  13. 13

    No me traigáis más vano presente: el perfume me es abominación: luna nueva y sábado, el convocar asambleas, no las puedo sufrir: son iniquidad vuestras solemnidades.

  14. 14

    Vuestras lunas nuevas y vuestras solemnidades tiene aborrecidas mi alma: me son gravosas; cansado estoy de llevarlas.

  15. 15

    Cuando extendiereis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos: asimismo cuando multiplicareis la oración, yo no oiré: llenas están de sangre vuestras manos.

  16. 16

    Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo:

  17. 17

    Aprended á hacer bien; buscad juicio, restituid al agraviado, oid en derecho al huérfano, amparad á la viuda.

  18. 18

    Venid luego, dirá Jehová, y estemos á cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán á ser como blanca lana.

  19. 19

    Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra:

  20. 20

    Si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos á espada: porque la boca de Jehová lo ha dicho.

  21. 21

    ¿Cómo te has tornado ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de juicio, en ella habitó equidad; mas ahora, homicidas.

  22. 22

    Tu plata se ha tornado escorias, tu vino mezclado está con agua.

  23. 23

    Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones: todos aman las dádivas, y van tras las recompensas: no oyen en juicio al huérfano, ni llega á ellos la causa de la viuda.

  24. 24

    Por tanto, dice el Señor Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, vengaréme de mis adversarios:

  25. 25

    Y volveré mi mano sobre ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré todo tu estaño:

  26. 26

    Y restituiré tus jueces como al principio, y tus consejeros como de primero: entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel.

  27. 27

    Sión con juicio será rescatada, y los convertidos de ella con justicia.

  28. 28

    Mas los rebeldes y pecadores á una serán quebrantados, y los que dejan á Jehová serán consumidos.

  29. 29

    Entonces os avergonzarán los olmos que amasteis, y os afrentarán los bosques que escogisteis.

  30. 30

    Porque seréis como el olmo que se le cae la hoja, y como huerto que le faltan las aguas.

  31. 31

    Y el fuerte será como estopa, y lo que hizo como centella; y ambos serán encendidos juntamente, y no habrá quien apague.

Culto sin justicia

El reproche más agudo no es la idolatría sino las manos llenas de sangre alzadas en oración (v. 15). Los sacrificios, el incienso, las lunas nuevas y los sábados son culto que Dios mismo mandó, y aun así los aborrece porque quienes los ofrecen oprimen al débil. El remedio es reparación social concreta, no más religión.

Aquí Dios invita: 'Venid luego... y estemos á cuenta', prometiendo emblanquecer pecados rojos como el carmesí, y une la limpieza personal con la justicia pública desde la primera página del libro.

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