RV1909

Isaías 50

Dios comienza refutando la idea de que repudió a Israel o lo vendió: no existe carta de divorcio; el destierro es obra del propio pueblo. Su brazo no se ha acortado para redimir: quien seca el mar tiene poder para librar. Luego vuelve a hablar el Siervo, ya no como conquistador sino como discípulo a quien se da "lengua de sabios", que ofrece su espalda a los que lo hieren y pone su rostro como pedernal. El capítulo cierra eligiendo entre confiar en Dios en la oscuridad o encender las propias antorchas.

Lectura paralela
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Isaías 50 (RV1909)
  1. 1

    ASÍ dijo Jehová: ¿Qué es de la carta de repudio de vuestra madre, con la cual yo la repudié? ¿ó quiénes son mis acreedores, á quienes os he yo vendido? He aquí que por vuestras maldades sois vendidos, y por vuestras rebeliones fué repudiada vuestra madre:

  2. 2

    Porque vine, y nadie pareció; llamé, y nadie respondió. ¿Ha llegado á acortarse mi mano, para no redimir? ¿no hay en mí poder para librar? He aquí que con mi reprensión hago secar la mar; torno los ríos en desierto, hasta pudrirse sus peces, y morirse de sed por falta de agua.

  3. 3

    Visto de oscuridad los cielos, y torno como saco su cobertura.

  4. 4

    El Señor Jehová me dió lengua de sabios, para saber hablar en sazón palabra al cansado; despertará de mañana, despertaráme de mañana oído, para que oiga como los sabios.

  5. 5

    El Señor Jehová me abrió el oído, y yo no fuí rebelde, ni me torné atrás.

  6. 6

    Dí mi cuerpo á los heridores, y mis mejillas á los que me mesaban el cabello: no escondí mi rostro de las injurias y esputos.

  7. 7

    Porque el Señor Jehová me ayudará; por tanto no me avergoncé: por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado.

  8. 8

    Cercano está de mí el que me justifica; ¿quién contenderá conmigo? juntémonos. ¿Quién es el adversario de mi causa? acérquese á mí.

  9. 9

    He aquí que el Señor Jehová me ayudará; ¿quién hay que me condene? He aquí que todos ellos como ropa de vestir se envejecerán; los comerá polilla.

  10. 10

    ¿Quién hay entre vosotros que teme á Jehová, y oye la voz de su siervo? el que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios.

  11. 11

    He aquí que todos vosotros encendéis fuego, y estáis cercados de centellas: andad á la luz de vuestro fuego, y á las centellas que encendisteis. De mi mano os vendrá esto; en dolor seréis sepultados.

El Siervo golpeado que no se avergüenza

Este tercer Canto del Siervo (versículos 4-9) es el más personal hasta aquí: el Siervo escucha "mañana tras mañana", se somete a los golpes y al escupitajo sin rebelarse, y funda su defensa en la cercanía de Aquel que lo justifica. Es el lenguaje que más tarde se leyó referido al sufrimiento de Cristo.

Los dos versículos finales dividen a los oyentes: quienes temen al SEÑOR y obedecen la voz del Siervo caminan por fe aun "en tinieblas" (versículo 10), mientras que a los que encienden su propio fuego (versículo 11) se les dice que "en dolor seréis sepultados" por la luz que ellos mismos hicieron.

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