RV1909

Isaías 51

Tres veces el capítulo reclama oído — "Oídme" en los versículos 1, 4 y 7 — primero mirando atrás hacia Abraham y Sara, la pareja única de la que brotó un pueblo, y luego adelante hacia una salvación que durará más que el desgaste de los cielos y la tierra. El argumento va de una roca cantada en muchos a una justicia para los pueblos. Observa cómo se alternan las voces: el pueblo clama "Despierta, despierta, brazo de Jehová" (v9), evocando el corte de Rahab y el mar secado; luego Dios responde "Yo, yo soy vuestro consolador" (v12). Al final el llamado a despertar recae sobre la misma Jerusalén.

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Isaías 51 (RV1909)
  1. 1

    OIDME, los que seguís justicia, los que buscáis á Jehová: mirad á la piedra de donde fuisteis cortados, y á la caverna de la fosa de donde fuisteis arrancados.

  2. 2

    Mirad á Abraham vuestro padre, y á Sara que os parió; porque solo lo llamé, y bendíjelo, y multipliquélo.

  3. 3

    Ciertamente consolará Jehová á Sión: consolará todas sus soledades, y tornará su desierto como paraíso, y su soledad como huerto de Jehová: hallarse ha en ella alegría y gozo, alabanza y voz de cantar.

  4. 4

    Estad atentos á mí, pueblo mío, y oidme, nación mía; porque de mí saldrá la ley, y mi juicio descubriré para luz de pueblos.

  5. 5

    Cercana está mi justicia, salido ha mi salud, y mis brazos juzgarán á los pueblos: á mí esperarán las islas, y en mi brazo pondrán su esperanza.

  6. 6

    Alzad á los cielos vuestros ojos, y mirad abajo á la tierra: porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera perecerán sus moradores: mas mi salud será para siempre, mi justicia no perecerá.

  7. 7

    Oidme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus denuestos.

  8. 8

    Porque como á vestidura los comerá polilla, como á lana los comerá gusano; mas mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salud por siglos de siglos.

  9. 9

    Despiértate, despiértate, vístete de fortaleza, oh brazo de Jehová; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No eres tú el que cortó á Rahab, y el que hirió al dragón?

  10. 10

    ¿No eres tú el que secó la mar, las aguas del grande abismo; el que al profundo de la mar tornó en camino, para que pasasen los redimidos?

  11. 11

    Cierto, tornarán los redimidos de Jehová, volverán á Sión cantando, y gozo perpetuo será sobre sus cabezas: poseerán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán.

  12. 12

    Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, del hijo del hombre, que por heno será contado?

  13. 13

    Y haste ya olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para destruir: mas ¿en dónde está el furor del que aflige?

  14. 14

    El preso se da prisa para ser suelto, por no morir en la mazmorra, ni que le falte su pan.

  15. 15

    Empero yo Jehová, que parto la mar, y suenan sus ondas, soy tu Dios, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos.

  16. 16

    Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, para que plantase los cielos y fundase la tierra, y que dijese á Sión: Pueblo mío eres tú.

  17. 17

    Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalem, que bebiste de la mano de Jehová el cáliz de su furor; las heces del cáliz de aturdimiento bebiste, y chupaste.

  18. 18

    De todos los hijos que parió, no hay quien la gobierne; ni quien la tome por su mano de todos los hijos que crió.

  19. 19

    Estas dos cosas te han acaecido; ¿quién se dolerá de ti? asolamiento y quebrantamiento, hambre y espada. ¿Quién te consolará?

  20. 20

    Tus hijos desmayaron, estuvieron tendidos en las encrucijadas de todos los caminos, como buey montaraz en la red, llenos del furor de Jehová, de la ira del Dios tuyo.

  21. 21

    Oye pues ahora esto, miserable, ebria, y no de vino:

  22. 22

    Así dijo tu Señor Jehová, y tu Dios, el cual pleitea por su pueblo: He aquí he quitado de tu mano el cáliz de aturdimiento, la hez del cáliz de mi furor; nunca más lo beberás:

  23. 23

    Y ponerlo he en mano de tus angustiadores, que dijeron á tu alma: Encórvate, y pasaremos. Y tú pusiste tu cuerpo como tierra, y como camino, á los que pasan.

La copa que cambia de mano

El último tramo (vv17-23) gira sobre una sola imagen: la copa de furor que Jerusalén ha bebido hasta el fondo, dejando a sus hijos desmayados en las calles como antílope en la red. No hay entre todos sus hijos quien la tome de la mano.

El giro es completo: esa misma copa es quitada de su mano y puesta en la de sus opresores, los que le dijeron que se inclinara para pasarles por encima de la espalda. El "despierta" no exige esfuerzo, sino que anuncia que el castigo terminó.

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