RV1909

Job 7

El discurso de Job se vuelve de los amigos hacia Dios mismo. La vida es trabajo forzado, noches de dar vueltas, carne cubierta de gusanos, días más veloces que la lanzadera del tejedor y gastados sin esperanza. Insiste en que la tumba no tiene retorno: la nube que se deshace no vuelve a subir. Observe cómo invierte la alabanza del Salmo 8 (vv. 17-20): si el hombre es tan pequeño, ¿por qué Dios lo engrandece solo para probarlo cada mañana y ponerlo como blanco?

Lectura paralela
Español (LatAm) + English
Job 7 (RV1909)
  1. 1

    CIERTAMENTE tiempo limitado tiene el hombre sobre la tierra, y sus días son como los días del jornalero.

  2. 2

    Como el siervo anhela la sombra, y como el jornalero espera el reposo de su trabajo:

  3. 3

    Así poseo yo meses de vanidad, y noches de trabajo me dieron por cuenta.

  4. 4

    Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré? Y mide mi corazón la noche, y estoy harto de devaneos hasta el alba.

  5. 5

    Mi carne está vestida de gusanos, y de costras de polvo; mi piel hendida y abominable.

  6. 6

    Y mis días fueron más ligeros que la lanzadera del tejedor, y fenecieron sin esperanza.

  7. 7

    Acuérdate que mi vida es viento, y que mis ojos no volverán á ver el bien.

  8. 8

    Los ojos de los que me ven, no me verán más: tus ojos sobre mí, y dejaré de ser.

  9. 9

    La nube se consume, y se va: así el que desciende al sepulcro no subirá;

  10. 10

    No tornará más á su casa, ni su lugar le conocerá más.

  11. 11

    Por tanto yo no reprimiré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu, y quejaréme con la amargura de mi alma.

  12. 12

    ¿Soy yo la mar, ó ballena, que me pongas guarda?

  13. 13

    Cuando digo: Mi cama me consolará, mi cama atenuará mis quejas;

  14. 14

    Entonces me quebrantarás con sueños, y me turbarás con visiones.

  15. 15

    Y así mi alma tuvo por mejor el ahogamiento, y quiso la muerte más que mis huesos.

  16. 16

    Aburríme: no he de vivir yo para siempre; déjame, pues que mis días son vanidad.

  17. 17

    ¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, y que pongas sobre él tu corazón,

  18. 18

    Y lo visites todas las mañanas, y todos los momentos lo pruebes?

  19. 19

    ¿Hasta cuándo no me dejarás, ni me soltarás hasta que trague mi saliva?

  20. 20

    Pequé, ¿qué te haré, oh Guarda de los hombres? ¿por qué me has puesto contrario á ti, y que á mí mismo sea pesado?

  21. 21

    ¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad? porque ahora dormiré en el polvo, y si me buscares de mañana, ya no seré.

Una vigilancia de la que quiere huir

La queja aquí no es el abandono sino lo contrario: Dios vigila demasiado de cerca. Job lo llama guarda de los hombres que ni siquiera lo deja tragar su saliva, custodiándolo como si fuera el mar o un monstruo marino que hay que contener.

El capítulo cierra con un reto sereno en el versículo 21: perdóname ahora, porque mañana me buscarás y ya no estaré. Es la presión de la muerte, no la teología, la que mueve la petición.

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