RV1909

Levítico 17

Un capítulo breve y tajante sobre a dónde puede ir la sangre. Todo buey, cordero o cabra degollado debe llevarse a la puerta del tabernáculo (v3-4); matar en el campo abierto y ofrecer a los ídolos-cabra (v7) queda prohibido. La sangre pertenece al altar de Jehová, no a un culto privado. La razón se declara sin rodeos: la vida de la carne está en la sangre (v11). Observe cómo un solo principio gobierna tres reglas: sacrificio centralizado, no comer sangre, y cubrir la sangre de la caza (v13).

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Levítico 17 (RV1909)
  1. 1

    Y HABLÓ Jehová á Moisés, diciendo:

  2. 2

    Habla á Aarón y á sus hijos, y á todos los hijos de Israel, y diles: Esto es lo que ha mandado Jehová, diciendo:

  3. 3

    Cualquier varón de la casa de Israel que degollare buey, ó cordero, ó cabra, en el real, ó fuera del real,

  4. 4

    Y no lo trajere á la puerta del tabernáculo del testimonio, para ofrecer ofrenda á Jehová delante del tabernáculo de Jehová, sangre será imputada al tal varón: sangre derramó; cortado será el tal varón de entre su pueblo:

  5. 5

    A fin de que traigan los hijos de Israel sus sacrificios, los que sacrifican sobre la haz del campo, para que los traigan á Jehová á la puerta del tabernáculo del testimonio al sacerdote, y sacrifiquen ellos sacrificios de paces á Jehová.

  6. 6

    Y el sacerdote esparcirá la sangre sobre el altar de Jehová, á la puerta del tabernáculo del testimonio, y quemará el sebo en olor de suavidad á Jehová.

  7. 7

    Y nunca más sacrificarán sus sacrificios á los demonios, tras de los cuales han fornicado: tendrán esto por estatuto perpetuo por sus edades.

  8. 8

    Les dirás también: Cualquier varón de la casa de Israel, ó de los extranjeros que peregrinan entre vosotros, que ofreciere holocausto ó sacrificio,

  9. 9

    Y no lo trajere á la puerta del tabernáculo del testimonio, para hacerlo á Jehová, el tal varón será igualmente cortado de sus pueblos.

  10. 10

    Y cualquier varón de la casa de Israel, ó de los extranjeros que peregrinan entre ellos, que comiere alguna sangre, yo pondré mi rostro contra la persona que comiere sangre, y le cortaré de entre su pueblo.

  11. 11

    Porque la vida de la carne en la sangre está: y yo os la he dado para expiar vuestras personas sobre el altar: por lo cual la misma sangre expiará la persona.

  12. 12

    Por tanto, he dicho á los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que peregrina entre vosotros comerá sangre.

  13. 13

    Y cualquier varón de los hijos de Israel, ó de los extranjeros que peregrinan entre ellos, que cogiere caza de animal ó de ave que sea de comer, derramará su sangre y cubrirála con tierra:

  14. 14

    Porque el alma de toda carne, su vida, está en su sangre: por tanto he dicho á los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre: cualquiera que la comiere será cortado.

  15. 15

    Y cualquiera persona que comiere cosa mortecina, ó despedazada por fiera, así de los naturales como de los extranjeros, lavará sus vestidos y á sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde; y se limpiará.

  16. 16

    Y si no los lavare, ni lavare su carne, llevará su iniquidad.

Por qué la sangre está vedada

El versículo 11 da la razón sobre la que gira todo el capítulo: la sangre lleva la vida, y Dios la ha destinado al altar para hacer expiación. Por ser la moneda de la expiación, no puede tratarse como comida común; por eso hasta el cazador debe derramar y cubrir con polvo la sangre de su presa (v13).

El capítulo se sitúa entre el rito de expiación del capítulo 16 y las leyes morales que siguen, insistiendo en que el mismo acto de degollar sea lealtad a Jehová y no un resto de la religión de los santuarios de campo.

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