RV1909

Mateo 17

Seis días después de lo dicho en Cesarea de Filipo, Jesús sube a un monte alto con Pedro, Jacobo y Juan, y se transfigura ante ellos: su rostro resplandece como el sol, aparecen Moisés y Elías, y una voz desde la nube ordena: "a él oíd". Al bajar, la gloria deja paso a una multitud, a un muchacho que los discípulos no pudieron sanar y a un segundo anuncio de la pasión. Fíjese en el descenso: de la cumbre resplandeciente al exorcismo fallido y a una pequeña lección sobre una moneda en la boca de un pez.

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Mateo 17 (RV1909)
  1. 1

    Y DESPUÉS de seis días, Jesús toma á Pedro, y á Jacobo, y á Juan su hermano, y los lleva aparte á un monte alto:

  2. 2

    Y se transfiguró delante de ellos; y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos fueron blancos como la luz.

  3. 3

    Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

  4. 4

    Y respondiendo Pedro, dijo á Jesús: Señor, bien es que nos quedemos aquí: si quieres, hagamos aquí tres pabellones: para ti uno, y para Moisés otro, y otro para Elías.

  5. 5

    Y estando aún él hablando, he aquí una nube de luz que los cubrió; y he aquí una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento: á él oid.

  6. 6

    Y oyendo esto los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera.

  7. 7

    Entonces Jesús llegando, los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.

  8. 8

    Y alzando ellos sus ojos, á nadie vieron, sino á solo Jesús.

  9. 9

    Y como descendieron del monte, les mandó Jesús, diciendo: No digáis á nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.

  10. 10

    Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen pues los escribas que es menester que Elías venga primero?

  11. 11

    Y respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías vendrá primero, y restituirá todas las cosas.

  12. 12

    Mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron; antes hicieron en él todo lo que quisieron: así también el Hijo del hombre padecerá de ellos.

  13. 13

    Los discípulos entonces entendieron, que les habló de Juan el Bautista.

  14. 14

    Y como ellos llegaron al gentío, vino á él un hombre hincándosele de rodillas,

  15. 15

    Y diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece malamente; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.

  16. 16

    Y le he presentado á tus discípulos, y no le han podido sanar.

  17. 17

    Y respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación infiel y torcida! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? traédmele acá.

  18. 18

    Y Jesús le reprendió, y salió el demonio de él; y el mozo fué sano desde aquella hora.

  19. 19

    Entonces, llegándose los discípulos á Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no lo pudimos echar fuera?

  20. 20

    Y Jesús les dijo: Por vuestra incredulidad; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis á este monte: Pásate de aquí allá: y se pasará: y nada os será imposible.

  21. 21

    Mas este linaje no sale sino por oración y ayuno.

  22. 22

    Y estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres,

  23. 23

    Y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.

  24. 24

    Y como llegaron á Capernaum, vinieron á Pedro los que cobraban las dos dracmas, y dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?

  25. 25

    El dice: Sí. Y entrando él en casa, Jesús le habló antes, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quién cobran los tributos ó el censo? ¿de sus hijos ó de los extraños?

  26. 26

    Pedro le dice: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos son francos.

  27. 27

    Mas porque no los escandalicemos, ve á la mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómalo, y abierta su boca, hallarás un estatero: tómalo, y dáselo por mí y por ti.

Del monte al grano de mostaza

Los discípulos preguntan por qué no pudieron echar fuera al demonio. Jesús responde con el contraste que ordena el capítulo: la incredulidad que fracasa frente a la fe "como un grano de mostaza" capaz de mover montañas — las mismas que acababan de bajar.

La escena final de la moneda mantiene el tono bajo y curioso: en lugar de exigir su exención, Jesús paga el tributo del templo "para no escandalizarlos", con la gloria ya escondida dentro de un deber común.

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