RV1909
Mateo 20
El capítulo abre con una parábola: un dueño contrata obreros al alba y a las horas tercera, sexta, novena y undécima, y luego a todos les paga el mismo denario — y los que trabajaron todo el día murmuran. "Los primeros serán postreros, y los postreros primeros". Después, camino de Jerusalén, Jesús anuncia su muerte por tercera vez, y la madre de Jacobo y Juan pide los dos mejores asientos. Observe cómo la lógica de la parábola se pone a prueba enseguida con una petición real de rango.
- 1
PORQUE el reino de los cielos es semejante á un hombre, padre de familia, que salió por la mañana á ajustar obreros para su viña.
- 2
Y habiéndose concertado con los obreros en un denario al día, los envió á su viña.
- 3
Y saliendo cerca de la hora de las tres, vió otros que estaban en la plaza ociosos;
- 4
Y les dijo: Id también vosotros á mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos fueron.
- 5
Salió otra vez cerca de las horas sexta y nona, é hizo lo mismo.
- 6
Y saliendo cerca de la hora undécima, halló otros que estaban ociosos; y díceles: ¿Por qué estáis aquí todo el día ociosos?
- 7
Dícenle: Porque nadie nos ha ajustado. Díceles: Id también vosotros á la viña, y recibiréis lo que fuere justo.
- 8
Y cuando fué la tarde del día, el señor de la viña dijo á su mayordomo: Llama á los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.
- 9
Y viniendo los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.
- 10
Y viniendo también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario.
- 11
Y tomándolo, murmuraban contra el padre de la familia,
- 12
Diciendo: Estos postreros sólo han trabajado una hora, y los has hecho iguales á nosotros, que hemos llevado la carga y el calor del día.
- 13
Y él respondiendo, dijo á uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no te concertaste conmigo por un denario?
- 14
Toma lo que es tuyo, y vete; mas quiero dar á este postrero, como á ti.
- 15
¿No me es lícito á mí hacer lo que quiero con lo mío? ó ¿es malo tu ojo, porque yo soy bueno?
- 16
Así los primeros serán postreros, y los postreros primeros: porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.
- 17
Y subiendo Jesús á Jerusalem, tomó sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo:
- 18
He aquí subimos á Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado á los príncipes de los sacerdotes y á los escribas, y le condenarán á muerte;
- 19
Y le entregarán á los Gentiles para que le escarnezcan, y azoten, y crucifiquen; mas al tercer día resucitará.
- 20
Entonces se llegó á él la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, adorándo le , y pidiéndole algo.
- 21
Y él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Di que se sienten estos dos hijos míos, el uno á tu mano derecha, y el otro á tu izquierda, en tu reino.
- 22
Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís: ¿podéis beber el vaso que yo he de beber, y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado? Y ellos le dicen: Podemos.
- 23
Y él les dice: A la verdad mi vaso beberéis, y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados; mas el sentaros á mi mano derecha y á mi izquierda, no es mío dar lo , sino á aquellos para quienes está aparejado de mi Padre.
- 24
Y como los diez oyeron esto, se enojaron de los dos hermanos.
- 25
Entonces Jesús llamándolos, dijo: Sabéis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad.
- 26
Mas entre vosotros no será así; sino el que quisiere entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor;
- 27
Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo:
- 28
Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
- 29
Entonces saliendo ellos de Jericó, le seguía gran compañía.
- 30
Y he aquí dos ciegos sentados junto al camino, como oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros.
- 31
Y la gente les reñía para que callasen; mas ellos clamaban más, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros.
- 32
Y parándose Jesús, los llamó, y dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros?
- 33
Ellos le dicen: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.
- 34
Entonces Jesús, teniendo misericordia de ellos , les tocó los ojos, y luego sus ojos recibieron la vista; y le siguieron.
Dos asientos, diez indignados, dos ciegos
Cuando los diez oyen la petición de los puestos a la derecha y a la izquierda, se indignan — prueba de que la murmuración de los jornaleros también vive en los discípulos. Jesús redefine la grandeza: los gobernantes "se enseñorean" de los suyos, pero entre los suyos el grande es siervo, y el Hijo del hombre, rescate "por muchos".
Al salir de Jericó, dos ciegos gritan "Hijo de David" y les mandan callar; gritan más fuerte, y Jesús se detiene a abrirles los ojos: vista dada a quienes la multitud quería acallar.
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