RV1909

Miqueas 6

Jehová cita a los montes y a los fundamentos perpetuos de la tierra como jurado de un pleito contra su propio pueblo. No abre con cargos, sino con una pregunta casi dolida: "¿qué te he hecho?". Su defensa es la memoria: la salida de Egipto, Moisés, Aarón y María, y el ardid frustrado de Balaam desde Sittim hasta Gilgal. Observe el giro en el centro. Un adorador sube la oferta —becerros, millares de carneros, ríos de aceite, hasta el primogénito— y un versículo corta la subasta: "hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios".

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Miqueas 6 (RV1909)
  1. 1

    OID ahora lo que dice Jehová: Levántate, pleitea con los montes, y oigan los collados tu voz.

  2. 2

    Oid, montes, y fuertes fundamentos de la tierra, el pleito de Jehová: porque tiene Jehová pleito con su pueblo, y altercará con Israel.

  3. 3

    Pueblo mío, ¿qué te he hecho, ó en qué te he molestado? Responde contra mí.

  4. 4

    Porque yo te hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de siervos te redimí; y envié delante de ti á Moisés, y á Aarón, y á María.

  5. 5

    Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac rey de Moab, y qué le respondió Balaam, hijo de Beor, desde Sittim hasta Gilgal, para que conozcas las justicias de Jehová.

  6. 6

    ¿Con qué prevendré á Jehová, y adoraré al alto Dios? ¿vendré ante él con holocaustos, con becerros de un año?

  7. 7

    ¿Agradaráse Jehová de millares de carneros, ó de diez mil arroyos de aceite? ¿daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mi vientre por el pecado de mi alma?

  8. 8

    Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pida de ti Jehová: solamente hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios.

  9. 9

    La voz de Jehová clama á la ciudad, y el sabio mirará á tu nombre. Oid la vara, y á quien la establece.

  10. 10

    ¿Hay aún en casa del impío tesoros de impiedad, y medida escasa que es detestable?

  11. 11

    ¿Seré limpio con peso falso, y con bolsa de engañosas pesas?

  12. 12

    Con lo cual sus ricos se hinchieron de rapiña, y sus moradores hablaron mentira, y su lengua engañosa en su boca.

  13. 13

    Por eso yo también te enflaqueceré hiriéndote, asolándote por tus pecados.

  14. 14

    Tú comerás, y no te hartarás; y tu abatimiento será en medio de ti: tú cogerás, mas no salvarás; y lo que salvares, lo entregaré yo á la espada.

  15. 15

    Tú sembrarás, mas no segarás: pisarás aceitunas, mas no te ungirás con el aceite; y mosto, mas no beberás el vino.

  16. 16

    Porque los mandamientos de Omri se han guardado, y toda obra de la casa de Achâb; y en los consejos de ellos anduvisteis, para que yo te diese en asolamiento, y tus moradores para ser silbados. Llevaréis por tanto el oprobio de mi pueblo.

La subasta de sacrificios que se desploma

El alza de las ofrendas no es devoción sino evasión: cada don más caro intenta comprar a un Dios que pide conducta, no comercio. Por eso, tras el versículo 8, la acusación se vuelve concreta: efa escaso, balanzas falsas, bolsa de pesas engañosas, ricos llenos de violencia. El pecado es el mercado amañado, y el castigo le corresponde.

Las maldiciones finales son anti-cosecha: comer sin saciarse, sembrar sin segar, pisar la oliva sin ungirse. Miqueas nombra el mal de raíz —los estatutos de Omri y la casa de Acab— atando la corrupción de Judá a la dinastía del norte vuelta sinónimo de idolatría de Estado.

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