RV1909

Nehemías 2

Cuatro meses después de la noticia, Nehemías sirve el vino y el rey nota su rostro triste, un desliz peligroso para un siervo. Tras una oración silenciosa, Nehemías pide ser enviado a reedificar Jerusalén. Artajerjes accede, con cartas, madera y escolta militar. Observe el cambio del palacio a una inspección nocturna. Ya en Jerusalén, Nehemías guarda en secreto su plan y sale de noche a examinar los muros arruinados antes de hablar con nadie.

  1. 1

    Y FUÉ en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino, y dílo al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia,

  2. 2

    Díjome el rey: ¿Por qué está triste tu rostro, pues no estás enfermo? No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera.

  3. 3

    Y dije al rey: El rey viva para siempre. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas del fuego?

  4. 4

    Y díjome el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos,

  5. 5

    Y dije al rey: Si al rey place, y si agrada tu siervo delante de ti, que me envíes á Judá, á la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré.

  6. 6

    Entonces el rey me dijo, (y la reina estaba sentada junto á él): ¿Hasta cuándo será tu viaje, y cuándo volverás? Y plugo al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo.

  7. 7

    Además dije al rey: Si al rey place, dénseme cartas para los gobernadores de la otra parte del río, que me franqueen el paso hasta que llegue á Judá;

  8. 8

    Y carta para Asaph, guarda del bosque del rey, á fin que me dé madera para enmaderar los portales del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa donde entraré. Y otorgóme lo el rey, según la benéfica mano de Jehová sobre mí.

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    Y vine luego á los gobernadores de la otra parte del río, y les dí las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de á caballo.

  10. 10

    Y oyéndolo Sanballat Horonita, y Tobías, el siervo Ammonita, disgustóles en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel.

  11. 11

    Llegué pues á Jerusalem, y estado que hube allí tres días,

  12. 12

    Levantéme de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré á hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalem; ni había bestia conmigo, excepto la cabalgadura en que cabalgaba.

  13. 13

    Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y á la puerta del Muladar; y consideré los muros de Jerusalem que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas del fuego.

  14. 14

    Pasé luego á la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; mas no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba.

  15. 15

    Y subí por el torrente de noche, y consideré el muro, y regresando entré por la puerta del Valle, y volvíme.

  16. 16

    Y no sabían los magistrados dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había yo declarado á los Judíos y sacerdotes, ni á los nobles y magistrados, ni á los demás que hacían la obra.

  17. 17

    Díjeles pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalem está desierta, y sus puertas consumidas del fuego: venid, y edifiquemos el muro de Jerusalem, y no seamos más en oprobio.

  18. 18

    Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios era buena sobre mí, y asimismo las palabras del rey, que me había dicho. Y dijeron: Levantémonos, y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien.

  19. 19

    Mas habiéndolo oído Samballat Horonita, y Tobías el siervo Ammonita, y Gesem el Arabe, escarnecieron de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿os rebeláis contra el rey?

  20. 20

    Y volvíles respuesta, y díjeles: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos: que vosotros no tenéis parte, ni derecho, ni memoria en Jerusalem.

Tres nombres para recordar

Este capítulo presenta la oposición que perseguirá el resto del libro: Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita y Gesem el árabe. Primero les pesa que alguien busque el bien de Israel; luego se burlan y acusan a los edificadores de rebelarse contra el rey.

La respuesta de Nehemías traza una línea tajante: el Dios del cielo prosperará a sus siervos, pero estos hombres no tienen parte, ni derecho, ni memoria en Jerusalén. La reconstrucción se plantea desde el inicio como un reclamo disputado sobre la ciudad.

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