RV1909

Nehemías 4

Mientras el muro se levanta, la oposición pasa de la burla al complot. Sanbalat se mofa de los "débiles judíos" y de las piedras quemadas entre los escombros; Tobías agrega que una zorra bastaría para derribar ese muro. Al cerrarse las brechas, los enemigos conspiran para atacar Jerusalén de frente y sembrar confusión en la obra. Observe cómo Nehemías responde a las amenazas con dos cosas a la vez: oración y guardia apostada. Los edificadores siguen con una herramienta en una mano y un arma en la otra.

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Nehemías 4 (RV1909)
  1. 1

    Y FUÉ que como oyó Sanballat que nosotros edificábamos el muro, encolerizóse y enojóse en gran manera, é hizo escarnio de los Judíos.

  2. 2

    Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles Judíos? ¿hanles de permitir? ¿han de sacrificar? ¿han de acabar en un día? ¿han de resucitar de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas?

  3. 3

    Y estaba junto á él Tobías Ammonita, el cual dijo: Aun lo que ellos edifican, si subiere una zorra derribará su muro de piedra.

  4. 4

    Oye, oh Dios nuestro, que somos en menosprecio, y vuelve el baldón de ellos sobre su cabeza, y dalos en presa en la tierra de su cautiverio:

  5. 5

    Y no cubras su iniquidad, ni su pecado sea raído delante de tu rostro; porque se airaron contra los que edificaban.

  6. 6

    Edificamos pues el muro, y toda la muralla fué junta hasta su mitad: y el pueblo tuvo ánimo para obrar.

  7. 7

    Mas acaeció que oyendo Sanballat y Tobías, y los Arabes, y los Ammonitas, y los de Asdod, que los muros de Jerusalem eran reparados, porque ya los portillos comenzaban á cerrarse, encolerizáronse mucho;

  8. 8

    Y conspiraron todos á una para venir á combatir á Jerusalem, y á hacerle daño.

  9. 9

    Entonces oramos á nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche.

  10. 10

    Y dijo Judá: Las fuerzas de los acarreadores se han enflaquecido, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro.

  11. 11

    Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos, y los matemos, y hagamos cesar la obra.

  12. 12

    Sucedió empero, que como vinieron los Judíos que habitaban entre ellos, nos dieron aviso diez veces de todos los lugares de donde volvían á nosotros.

  13. 13

    Entonces puse por los bajos del lugar, detrás del muro, en las alturas de los peñascos, puse el pueblo por familias con sus espadas, con sus lanzas, y con sus arcos.

  14. 14

    Después miré, y levantéme, y dije á los principales y á los magistrados, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos: acordaos del Señor grande y terrible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas.

  15. 15

    Y sucedió que como oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, Dios disipó el consejo de ellos, y volvímonos todos al muro, cada uno á su obra.

  16. 16

    Mas fué que desde aquel día la mitad de los mancebos trabajaba en la obra, y la otra mitad de ellos tenía lanzas y escudos, y arcos, y corazas; y los príncipes estaban tras toda la casa de Judá.

  17. 17

    Los que edificaban en el muro, y los que llevaban cargas y los que cargaban, con la una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada.

  18. 18

    Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida á sus lomos, y así edificaban: y el que tocaba la trompeta estaba junto á mí.

  19. 19

    Y dije á los principales, y á los magistrados y al resto del pueblo: La obra es grande y larga, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos los unos de los otros:

  20. 20

    En el lugar donde oyereis la voz de la trompeta, reuníos allí á nosotros: nuestro Dios peleará por nosotros.

  21. 21

    Nosotros pues trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta salir las estrellas.

  22. 22

    También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado se quede dentro de Jerusalem, y hágannos de noche centinela, y de día á la obra.

  23. 23

    Y ni yo, ni mis hermanos, ni mis mozos, ni la gente de guardia que me seguía, desnudamos nuestro vestido: cada uno se desnudaba solamente para lavarse.

Trabajar armados

La imagen memorable del capítulo es la fuerza de trabajo dividida (versículos 16 al 18): la mitad edifica mientras la otra mitad monta guardia con lanzas, escudos y arcos, y cada edificador lleva su espada al costado. Un trompetero queda junto a Nehemías para reunir a los obreros dispersos donde haya ataque.

El cansancio también es real. Judá se queja de que las fuerzas de los cargadores desfallecen bajo los escombros. La moral, no solo el enemigo, es parte de lo que Nehemías debe manejar. La regla al final: no se quitaban la ropa y llevaban el arma aun al agua.

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