RV1909
Números 17
Después de que la tierra tragó a los rebeldes y ardió una plaga, Dios zanja la cuestión del sacerdocio con algo callado en vez de violento. Doce varas, una por casa paterna y con el nombre de Aarón en la de Leví, se guardan una noche delante del testimonio. Al amanecer solo la vara de Aarón ha brotado, florecido y producido almendras maduras. La elección no se decide por argumento, sino por la vida que aparece sobre madera seca.
- 1
Y HABLÓ Jehová á Moisés, diciendo:
- 2
Habla á los hijos de Israel, y toma de ellos una vara por cada casa de los padres, de todos los príncipes de ellos, doce varas conforme á las casas de sus padres; y escribirás el nombre de cada uno sobre su vara.
- 3
Y escribirás el nombre de Aarón sobre la vara de Leví; porque cada cabeza de familia de sus padres tendrá una vara.
- 4
Y las pondrás en el tabernáculo del testimonio delante del testimonio, donde yo me declararé á vosotros.
- 5
Y será, que el varón que yo escogiere, su vara florecerá: y haré cesar de sobre mí las quejas de los hijos de Israel, con que murmuran contra vosotros.
- 6
Y Moisés habló á los hijos de Israel, y todos los príncipes de ellos le dieron varas; cada príncipe por las casas de sus padres una vara, en todas doce varas; y la vara de Aarón estaba entre las varas de ellos.
- 7
Y Moisés puso las varas delante de Jehová en el tabernáculo del testimonio.
- 8
Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había brotado, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras.
- 9
Entonces sacó Moisés todas las varas de delante de Jehová á todos los hijos de Israel; y ellos lo vieron, y tomaron cada uno su vara.
- 10
Y Jehová dijo á Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio, para que se guarde por señal á los hijos rebeldes; y harás cesar sus quejas de sobre mí, porque no mueran.
- 11
E hízolo Moisés: como le mandó Jehová, así hizo.
- 12
Entonces los hijos de Israel hablaron á Moisés, diciendo: He aquí nosotros somos muertos, perdidos somos, todos nosotros somos perdidos.
- 13
Cualquiera que se llegare, el que se acercare al tabernáculo de Jehová morirá: ¿acabaremos de perecer todos?
- 1
O SENHOR falou a Moisés, dizendo:
- 2
“Fale aos filhos de Israel e recolha deles varas, uma para cada casa paterna, de todos os seus líderes segundo as suas casas paternas, doze varas. Escreva o nome de cada homem na sua vara.
- 3
Você escreverá o nome de Arão na vara de Levi. Haverá uma vara para cada chefe das suas casas paternas.
- 4
Você as colocará na Tenda do Encontro, diante da aliança, onde eu me encontro com vocês.
- 5
Acontecerá que a vara do homem que eu escolher brotará. Assim, farei cessar diante de mim as murmurações dos filhos de Israel, que eles murmuram contra vocês.”
- 6
Moisés falou aos filhos de Israel; e todos os seus líderes lhe deram varas, uma para cada líder, segundo as suas casas paternas, num total de doze varas. A vara de Arão estava entre as varas deles.
- 7
Moisés colocou as varas diante do SENHOR na Tenda do Testemunho.
- 8
No dia seguinte, Moisés entrou na Tenda do Testemunho; e eis que a vara de Arão, pela casa de Levi, havia brotado, lançado botões, produzido flores e dado amêndoas maduras.
- 9
Moisés trouxe todas as varas de diante do SENHOR a todos os filhos de Israel. Eles olharam, e cada homem pegou a sua vara.
- 10
O SENHOR disse a Moisés: “Coloque de volta a vara de Arão diante da aliança, para ser guardada como um sinal contra os filhos da rebelião; para que você ponha fim às suas reclamações contra mim, para que não morram.”
- 11
Moisés fez assim. Como o SENHOR lhe ordenou, assim ele fez.
- 12
Os filhos de Israel falaram a Moisés, dizendo: “Eis que perecemos! Estamos perdidos! Estamos todos perdidos!
- 13
Todo aquele que se aproxima do tabernáculo do SENHOR morre! Será que todos nós pereceremos?”
Una señal viva y un pueblo aterrado
La vara de Aarón se guarda delante del testimonio como señal permanente contra los rebeldes, para acabar de una vez con las murmuraciones. La prueba de legitimidad es deliberadamente suave tras la matanza del capítulo 16.
Pero el capítulo cierra con espanto, no con alivio. El pueblo clama que perece y está deshecho, aterrado de que muera todo el que se acerque al tabernáculo. Ese temor prepara el capítulo 18, donde Dios asigna con cuidado quién puede acercarse y quién guarda el límite.
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