RV1909

Proverbios 5

La primera de varias advertencias sobre la mujer ajena: sus labios destilan miel y su boca es más blanda que el aceite, pero el final es amargo como el ajenjo y sus pies descienden a la muerte (v.3-5). El peligro es algo dulce que cuesta años, honra y riqueza (v.9-10). Observa cómo la segunda mitad pasa de la advertencia a su contraparte: bebe de tu propia cisterna, alégrate con la mujer de tu juventud (v.15,18).

  1. 1

    HIJO mío, está atento á mi sabiduría, y á mi inteligencia inclina tu oído;

  2. 2

    Para que guardes consejo, y tus labios conserven la ciencia.

  3. 3

    Porque los labios de la extraña destilan miel, y su paladar es más blando que el aceite:

  4. 4

    Mas su fin es amargo como el ajenjo, agudo como cuchillo de dos filos.

  5. 5

    Sus pies descienden á la muerte; sus pasos sustentan el sepulcro:

  6. 6

    Sus caminos son instables; no los conocerás, si no considerares el camino de vida.

  7. 7

    Ahora pues, hijos, oidme, y no os apartéis de las razones de mi boca.

  8. 8

    Aleja de ella tu camino, y no te acerques á la puerta de su casa;

  9. 9

    Porque no des á los extraños tu honor, y tus años á cruel;

  10. 10

    Porque no se harten los extraños de tu fuerza, y tus trabajos estén en casa del extraño;

  11. 11

    Y gimas en tus postrimerías, cuando se consumiere tu carne y tu cuerpo,

  12. 12

    Y digas: ¡Cómo aborrecí el consejo, y mi corazón menospreció la reprensión;

  13. 13

    Y no oí la voz de los que me adoctrinaban, y á los que me enseñaban no incliné mi oído!

  14. 14

    Casi en todo mal he estado, en medio de la sociedad y de la congregación.

  15. 15

    Bebe el agua de tu cisterna, y los raudales de tu pozo.

  16. 16

    Derrámense por de fuera tus fuentes, en las plazas los ríos de aguas.

  17. 17

    Sean para ti solo, y no para los extraños contigo.

  18. 18

    Sea bendito tu manantial; y alégrate con la mujer de tu mocedad.

  19. 19

    Como cierva amada y graciosa corza, sus pechos te satisfagan en todo tiempo; y en su amor recréate siempre.

  20. 20

    ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la ajena, y abrazarás el seno de la extraña?

  21. 21

    Pues que los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová, y él considera todas sus veredas.

  22. 22

    Prenderán al impío sus propias iniquidades, y detenido será con las cuerdas de su pecado.

  23. 23

    El morirá por falta de corrección; y errará por la grandeza de su locura.

El discurso del arrepentimiento

Los versículos 12-14 imaginan al hombre ya arruinado, diciendo al fin lo que debió oír: cómo aborreció la instrucción y su corazón despreció la reprensión. El capítulo deja que la consecuencia ensaye su propia confesión antes de tiempo, para que el oyente la escuche cuando aún puede evitarla.

El cierre lo ata todo a la mirada divina: los caminos del hombre están delante de los ojos de Jehová (v.21), y sus propios pecados son las cuerdas que lo sujetan (v.22).

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