RV1909
Salmos 131
Tres versículos, atribuidos a David, que rehúsan la ambición: "no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron" — sin meterse en cosas "demasiado sublimes" (v. 1). Tras lo profundo del Salmo 130, esto es pequeñez deliberada. Una sola imagen sostiene todo el poema: el alma acallada "como un niño destetado de su madre" (v. 2), que ya no llora por leche y descansa contento junto a ella. Mira cómo la contención, no el esfuerzo, se vuelve postura de confianza.
- 1
Cántico gradual: de David. JEHOVÁ, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas para mí demasiado sublimes.
- 2
En verdad que me he comportado y he acallado mi alma, como un niño destetado de su madre: como un niño destetado está mi alma.
- 3
Espera, oh Israel, en Jehová desde ahora y para siempre.
El niño destetado, no el de pecho
La imagen es la de un niño ya destetado: pasada el hambre frenética de la infancia, el alma deja de exigir y aprende a callar junto a su fuente de consuelo.
El v. 3 entrega esa calma íntima al pueblo — "espera, oh Israel, en Jehová desde ahora y para siempre" — convirtiendo el corazón aquietado de uno en modelo para todos.
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