RV1909
Salmos 137
El destierro recordado con un nudo en la garganta. Junto a los ríos de Babilonia el pueblo se sienta y llora por Sion, las arpas colgadas y mudas en los sauces, mientras sus captores exigen un canto alegre de la patria — y el que canta pregunta cómo es eso posible en tierra extraña. Luego el tono se endurece en juramento y maldición: voto de no olvidar jamás a Jerusalén, y un grito crudo de venganza contra Edom y Babilonia.
- 1
JUNTO á los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sión.
- 2
Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas.
- 3
Y los que allí nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo :
- 4
Cantadnos algunos de los himnos de Sión. ¿Cómo cantaremos canción de Jehová en tierra de extraños?
- 5
Si me olvidare de ti, oh Jerusalem, mi diestra sea olvidada.
- 6
Mi lengua se pegue á mi paladar, si de ti no me acordare; si no ensalzare á Jerusalem como preferente asunto de mi alegría.
- 7
Acuérdate, oh Jehová, de los hijos de Edom en el día de Jerusalem; quienes decían: Arrasadla, arrasadla hasta los cimientos.
- 8
Hija de Babilonia destruída, bienaventurado el que te diere el pago de lo que tú nos hiciste.
- 9
Bienaventurado el que tomará y estrellará tus niños contra las piedras.
Del duelo al juramento y a la furia
El salmo gira sobre una automaldición: si me olvido de ti, Jerusalén, que mi diestra olvide su destreza, que mi lengua se pegue al paladar (vv. 5-6). El recuerdo se vuelve voto que ata. Los versos finales que nombran a Edom y a los "pequeñitos" estrellados contra la peña están entre los más duros de la Escritura — dolor cuajado en demanda de justicia, sin suavizar.
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