RV1909
Salmos 150
Seis versículos, trece llamados a alabar y casi nada más. Es la palabra final del salterio: una doxología que pregunta dónde (santuario, fortaleza), por qué (sus proezas, su grandeza), cómo (toda una orquesta) y quién (todo lo que respira). Los instrumentos van bocina, salterio, arpa, adufe, cuerdas, flauta, y luego dos clases de címbalos. El último verso se abre más allá de Israel a todo aliento vivo, y se detiene en un solo "Aleluya".
- 1
Aleluya. ALABAD á Dios en su santuario: alabadle en la extensión de su fortaleza.
- 2
Alabadle por sus proezas: alabadle conforme á la muchedumbre de su grandeza.
- 3
Alabadle á son de bocina: alabadle con salterio y arpa.
- 4
Alabadle con adufe y flauta: alabadle con cuerdas y órgano.
- 5
Alabadle con címbalos resonantes: alabadle con címbalos de júbilo.
- 6
Todo lo que respira alabe á JAH. Aleluya.
La forma del último salmo
Cada frase es "alabadle" más un detalle, que crece por acumulación y no por argumento. El lugar cede a la razón (v.2), la razón a los instrumentos (vv.3-5), y los instrumentos al choque más fuerte —"címbalos de júbilo"— antes de que el volumen baje a un solo imperativo callado.
No cierra solo este salmo, sino el libro entero. "Todo lo que respira" (v.6) hace eco de la lista de criaturas del 148; aquí no se nombra ninguna, porque todo lo que alienta es convocado a la vez.
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