RV1909
Salmos 28
Una oración que nace del miedo al silencio: si Jehová calla, el que ruega teme ser contado entre los que descienden al sepulcro. Alza las manos hacia el santuario y pide no ser arrastrado junto a quienes hablan paz mientras traman maldad en su corazón. Observe el giro en el versículo 6. La súplica cesa y de pronto Jehová ha oído. La voz que clamaba ahora canta, y el final se ensancha de un hombre a todo el pueblo que Dios apacienta.
- 1
Salmo de David. A TI clamaré, oh Jehová, fortaleza mía: no te desentiendas de mí; porque no sea yo, dejándome tú, semejante á los que descienden al sepulcro.
- 2
Oye la voz de mis ruegos cuando clamo á ti, cuando alzo mis manos hacia el templo de tu santidad.
- 3
No me arrebates á una con los malos, y con los que hacen iniquidad: los cuales hablan paz con sus prójimos, y la maldad está en su corazón.
- 4
Dales conforme á su obra, y conforme á la malicia de sus hechos: dales conforme á la obra de sus manos, dales su paga.
- 5
Porque no atendieron á las obras de Jehová, ni al hecho de sus manos, derribarálos, y no los edificará.
- 6
Bendito Jehová, que oyó la voz de mis ruegos.
- 7
Jehová es mi fortaleza y mi escudo: en él esperó mi corazón, y fuí ayudado; por lo que se gozó mi corazón, y con mi canción le alabaré.
- 8
Jehová es su fuerza, y la fortaleza de las saludes de su ungido.
- 9
Salva á tu pueblo, y bendice á tu heredad; y pastoréalos y ensálzalos para siempre.
Del escudo al pastor
El salmo llama a Dios fortaleza y escudo del que ora (v.7), y luego fortaleza salvadora de su ungido (v.8). El ruego final se vuelve hacia afuera: pide que salve a su pueblo, bendiga su heredad y los sostenga para siempre.
Así el clamor íntimo termina como intercesión por la comunidad. La imagen también cambia, de fortaleza a pastor: el mismo Dios que guarda al rey ahora lleva en brazos al rebaño.
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