RV1909

Salmos 50

Dios convoca un tribunal. Llama a la tierra desde el nacimiento del sol hasta el ocaso, resplandece desde Sion con fuego y tempestad, y cita a los cielos y la tierra como testigos para juzgar a su propio pueblo del pacto. Note la sorpresa de la acusación: a Dios no le faltan sacrificios. Suyo es "el ganado en mil collados" (v.10), y si tuviera hambre no nos lo diría (v.12). El pleito es sobre para qué sirve el culto.

  1. 1

    Salmo de Asaph. EL Dios de dioses, Jehová, ha hablado, y convocado la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone.

  2. 2

    De Sión, perfección de hermosura, ha Dios resplandecido.

  3. 3

    Vendrá nuestro Dios, y no callará: fuego consumirá delante de él, y en derredor suyo habrá tempestad grande.

  4. 4

    Convocará á los cielos de arriba, y á la tierra, para juzgar á su pueblo.

  5. 5

    Juntadme mis santos; los que hicieron conmigo pacto con sacrificio.

  6. 6

    Y denunciarán los cielos su justicia; porque Dios es el juez. (Selah.)

  7. 7

    Oye, pueblo mío, y hablaré: escucha , Israel, y testificaré contra ti: yo soy Dios, el Dios tuyo.

  8. 8

    No te reprenderé sobre tus sacrificios, ni por tus holocaustos, que delante de mí están siempre.

  9. 9

    No tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos.

  10. 10

    Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados.

  11. 11

    Conozco todas las aves de los montes, y en mi poder están las fieras del campo.

  12. 12

    Si yo tuviese hambre, no te lo diría á ti: porque mío es el mundo y su plenitud.

  13. 13

    ¿Tengo de comer yo carne de toros, ó de beber sangre de machos cabríos?

  14. 14

    Sacrifica á Dios alabanza, y paga tus votos al Altísimo.

  15. 15

    E invócame en el día de la angustia: te libraré, y tú me honrarás.

  16. 16

    Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que enarrar mis leyes, y que tomar mi pacto en tu boca,

  17. 17

    Pues que tú aborreces el castigo, y echas á tu espalda mis palabras?

  18. 18

    Si veías al ladrón, tú corrías con él; y con los adúlteros era tu parte.

  19. 19

    Tu boca metías en mal, y tu lengua componía engaño.

  20. 20

    Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano; contra el hijo de tu madre ponías infamia.

  21. 21

    Estas cosas hiciste, y yo he callado: pensabas que de cierto sería yo como tú: yo te argüiré, y pondré las delante de tus ojos.

  22. 22

    Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios; no sea que arrebate, sin que nadie libre.

  23. 23

    El que sacrifica alabanza me honrará: y al que ordenare su camino, le mostraré la salud de Dios.

Dos acusados, un veredicto

El discurso se parte en dos. A los fieles (v.7-15): dejen de imaginar que Dios necesita sus toros; ofrezcan acción de gracias y paguen sus votos, e "invócame en el día de la angustia". A los malos (v.16-21): al que recita los estatutos mientras se junta con ladrones y calumnia a su hermano, se le dice que el silencio de Dios no era aprobación.

El cierre lo une todo: "el que sacrifica alabanza me honrará" (v.23).

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