RV1909

Salmos 55

Inquieto y gimiendo, el que habla está tan abrumado por el terror que desea alas de paloma para volar lejos y morar en el desierto. La amenaza no es un ejército extranjero, sino una traición dentro de la ciudad, donde la violencia ronda los muros día y noche. La herida del centro (versículos 12-14) es íntima: no un enemigo, sino un amigo familiar con quien antes compartió dulce comunión en la casa de Dios. Aun así, la confianza tiene la última palabra en el versículo 23.

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Salmos 55 (RV1909)
  1. 1

    Al Músico principal: en Neginoth: Masquil de David. ESCUCHA, oh Dios, mi oración, y no te escondas de mi súplica.

  2. 2

    Estáme atento, y respóndeme: clamo en mi oración, y levanto el grito,

  3. 3

    A causa de la voz del enemigo, por la opresión del impío; porque echaron sobre mí iniquidad, y con furor me han amenazado.

  4. 4

    Mi corazón está doloroso dentro de mí, y terrores de muerte sobre mí han caído.

  5. 5

    Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto.

  6. 6

    Y dije: ¡Quién me diese alas como de paloma! volaría yo, y descansaría.

  7. 7

    Ciertamente huiría lejos: moraría en el desierto. (Selah.)

  8. 8

    Apresuraríame á escapar del viento tempestuoso, de la tempestad.

  9. 9

    Deshace, oh Señor, divide la lengua de ellos; porque he visto violencia y rencilla en la ciudad.

  10. 10

    Día y noche la rodean sobre sus muros; é iniquidad y trabajo hay en medio de ella.

  11. 11

    Agravios hay en medio de ella, y el fraude y engaño no se apartan de sus plazas.

  12. 12

    Porque no me afrentó un enemigo, lo cual habría soportado; ni se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me hubiera ocultado de él:

  13. 13

    Mas tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar:

  14. 14

    Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, á la casa de Dios andábamos en compañía.

  15. 15

    Condenados sean á muerte, desciendan vivos al infierno: porque maldades hay en su compañía, entre ellos.

  16. 16

    Yo á Dios clamaré; y Jehová me salvará.

  17. 17

    Tarde y mañana y á medio día oraré y clamaré; y él oirá mi voz.

  18. 18

    El ha redimido en paz mi alma de la guerra contra mí; pues fueron contra mí muchos.

  19. 19

    Dios oirá, y los quebrantará luego, el que desde la antigüedad permanece (Selah); por cuanto no se mudan, ni temen á Dios.

  20. 20

    Extendió sus manos contra sus pacíficos: violó su pacto.

  21. 21

    Ablandan más que manteca su boca, pero guerra hay en su corazón: suavizan sus palabras más que el aceite, mas ellas son cuchillos.

  22. 22

    Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.

  23. 23

    Mas tú, oh Dios, harás descender aquéllos al pozo de la sepultura: los hombres sanguinarios y engañadores no demediarán sus días: empero yo confiaré en ti.

El amigo cuyas palabras eran espadas

El versículo 21 fija la traición en una sola imagen: una boca más blanda que la manteca mientras el corazón hace guerra, palabras más suaves que el aceite que resultan espadas desenvainadas. Frente a esa perfidia el salmo pone un ritmo de oración "tarde, mañana y a mediodía" y el famoso encargo del versículo 22: echa sobre el Señor tu carga, y él no dejará caído al justo.

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