RV1909

Zacarías 13

Se abre una fuente para la casa de David que lava el pecado, y la tierra queda limpia de dos cosas a la vez: los ídolos y los profetas que mienten en nombre de Jehová. Tan desacreditada queda la profecía que un padre apuñalará al hijo que profetice, y los falsos profetas reniegan del manto velloso, diciéndose simples labradores. Luego la espada se vuelve contra el propio pastor de Dios: "Hiere al pastor, y se derramarán las ovejas", y un fuego refinador deja solo un tercio probado.

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Zacarías 13 (RV1909)
  1. 1

    EN aquel tiempo habrá manantial abierto para la casa de David y para los moradores de Jerusalem, para el pecado y la inmundicia.

  2. 2

    Y será en aquel día, dice Jehová de los ejércitos, que talaré de la tierra los nombres de las imágenes, y nunca más vendrán en memoria: y también haré talar de la tierra los profetas, y espíritu de inmundicia.

  3. 3

    Y será que cuando alguno más profetizare, diránle su padre y su madre que lo engendraron: No vivirás, porque has hablado mentira en el nombre de Jehová: y su padre y su madre que lo engendraron, le alancearán cuando profetizare.

  4. 4

    Y será en aquel tiempo, que todos los profetas se avergonzarán de su visión cuando profetizaren; ni nunca más se vestirán de manto velloso para mentir.

  5. 5

    Y dirá: No soy profeta; labrador soy de la tierra: porque esto aprendí del hombre desde mi juventud.

  6. 6

    Y le preguntarán: ¿Qué heridas son éstas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fuí herido en casa de mis amigos.

  7. 7

    Levántate, oh espada, sobre el pastor, y sobre el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y se derramarán las ovejas: mas tornaré mi mano sobre los chiquitos.

  8. 8

    Y acontecerá en toda la tierra, dice Jehová, que las dos partes serán taladas en ella, y se perderán; mas la tercera quedará en ella.

  9. 9

    Y meteré en el fuego la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y probarélos como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios.

El pastor herido y el tercio que queda

El versículo 7 responde al pastor rechazado del capítulo 11: ahora Dios mismo llama la espada contra "el hombre compañero mío". Del rebaño esparcido, dos partes perecen (v.8) y la tercera se funde como plata hasta decir "Jehová es mi Dios": el juicio se estrecha hasta un remanente purificado.

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