RV1909

2 Corintios 3

Pablo esquiva la exigencia de cartas de recomendación con una afirmación notable: los mismos corintios son su carta, escrita no con tinta sino por el Espíritu en corazones de carne y no en tablas de piedra. Desde allí el capítulo levanta un contraste sostenido entre dos ministerios, apoyado en Éxodo: el pacto grabado en piedra que vino con gloria pasajera, y el pacto del Espíritu cuya gloria permanece y lo supera.

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2 Corintios 3 (RV1909)
  1. 1

    ¿COMENZAMOS otra vez á alabarnos á nosotros mismos? ¿ó tenemos necesidad, como algunos, de letras de recomendación para vosotros, ó de recomendación de vosotros?

  2. 2

    Nuestras letras sois vosotros, escritas en nuestros corazones, sabidas y leídas de todos los hombres;

  3. 3

    Siendo manifiesto que sois letra de Cristo administrada de nosotros, escrita no con tinta, mas con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.

  4. 4

    Y tal confianza tenemos por Cristo para con Dios:

  5. 5

    No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia es de Dios;

  6. 6

    El cual asimismo nos hizo ministros suficientes de un nuevo pacto: no de la letra, mas del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.

  7. 7

    Y si el ministerio de muerte en la letra grabado en piedras, fué con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudiesen poner los ojos en la faz de Moisés á causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer,

  8. 8

    ¿Cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu?

  9. 9

    Porque si el ministerio de condenación fué con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justicia.

  10. 10

    Porque aun lo que fué glorioso, no es glorioso en esta parte, en comparación de la excelente gloria.

  11. 11

    Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más será en gloria lo que permanece.

  12. 12

    Así que, teniendo tal esperanza, hablamos con mucha confianza;

  13. 13

    Y no como Moisés, que ponía un velo sobre su faz, para que los hijos de Israel no pusiesen los ojos en el fin de lo que había de ser abolido.

  14. 14

    Empero los sentidos de ellos se embotaron; porque hasta el día de hoy les queda el mismo velo no descubierto en la lección del antiguo testamento, el cual por Cristo es quitado.

  15. 15

    Y aun hasta el día de hoy, cuando Moisés es leído, el velo está puesto sobre el corazón de ellos.

  16. 16

    Mas cuando se convirtieren al Señor, el velo se quitará.

  17. 17

    Porque el Señor es el Espíritu; y donde hay el Espíritu del Señor, allí hay libertad.

  18. 18

    Por tanto, nosotros todos, mirando á cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor.

El velo que pasa del rostro al corazón

Pablo reelabora el relato de Moisés cubriéndose el rostro resplandeciente. Donde Éxodo tiene a Moisés ocultando una gloria que se desvanecía, Pablo lee el velo como algo que aún cubre la mente de quienes oyen leer el antiguo pacto sin volverse a Cristo.

La liberación llega en los versículos 16-18: al volverse uno al Señor, el velo se quita, y a rostro descubierto los creyentes contemplan la gloria de Dios "como en un espejo", siendo transformados de gloria en gloria. Eso enmarca la confianza que Pablo reclama en el capítulo 4.

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