RV1909

Isaías 56

Tras el gran consuelo de los capítulos 40-55, el profeta plantea una pregunta concreta: ¿quién pertenece de verdad a la comunidad restaurada? La respuesta se abre hacia afuera. Al extranjero que se une al SEÑOR y al eunuco que guarda el día de reposo se les promete nombre y lugar en la casa de Dios, que será "casa de oración" para todos los pueblos (v.7). Observe el giro brusco del versículo 9. La bienvenida cálida da paso a una dura acusación contra los líderes de Israel: atalayas ciegos y perros mudos que beben y duermen mientras se convoca a las fieras para devorar.

Lectura paralela
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Isaías 56 (RV1909)
  1. 1

    ASÍ dijo Jehová: Guardad derecho, y haced justicia: porque cercana está mi salud para venir, y mi justicia para manifestarse.

  2. 2

    Bienaventurado el hombre que esto hiciere, y el hijo del hombre que esto abrazare: que guarda el sábado de profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal.

  3. 3

    Y el hijo del extranjero, allegado á Jehová, no hable diciendo: Apartaráme totalmente Jehová de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco.

  4. 4

    Porque así dijo Jehová á los eunucos que guardaren mis sábados, y escogieren lo que yo quiero, y abrazaren mi pacto:

  5. 5

    Yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos é hijas; nombre perpetuo les daré que nunca perecerá.

  6. 6

    Y á los hijos de los extranjeros que se llegaren á Jehová para ministrarle, y que amaren el nombre de Jehová para ser sus siervos: á todos los que guardaren el sábado de profanarlo, y abrazaren mi pacto,

  7. 7

    Yo los llevaré al monte de mi santidad, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa, casa de oración será llamada de todos los pueblos.

  8. 8

    Dice el Señor Jehová, el que junta los echados de Israel: Aun juntaré sobre él sus congregados.

  9. 9

    Todas las bestias del campo, todas las bestias del monte, venid á devorar.

  10. 10

    Sus atalayas ciegos son, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir.

  11. 11

    Y esos perros ansiosos no conocen hartura; y los mismos pastores no supieron entender: todos ellos miran á sus caminos, cada uno á su provecho, cada uno por su cabo.

  12. 12

    Venid, dicen , tomaré vino, embriaguémonos de sidra; y será el día de mañana como este, ó mucho más excelente.

El árbol seco y la recompensa

Bajo la ley el eunuco no entraba en la asamblea y no tenía descendencia que llevara su nombre. Por eso su temor es real: se ve como "árbol seco" (v.3), un hombre sin futuro. Dios le promete justamente lo que le falta: un memorial y un nombre perpetuo, mejor que el de hijos e hijas (v.5).

Frente a los pastores glotones y egoístas de los versículos 10-12, el capítulo traza una línea clara. Pertenecer no depende del linaje ni de la integridad del cuerpo, sino de aferrarse al pacto, mientras los nacidos dentro pierden su lugar por avaricia.

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