RV1909
Salmos 110
Siete versículos densos, y uno de los salmos más citados en el Nuevo Testamento. Abre con un oráculo: "El SEÑOR dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra", un rey entronizado junto a Dios mientras los enemigos se vuelven estrado de sus pies. El versículo 4 añade un segundo oráculo jurado que une dos oficios rara vez juntos: esta figura es rey y "sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec", el misterioso rey-sacerdote de Salem de Génesis 14. Observe cómo el salmo pasa de la entronización a un campo de batalla donde se quebrantan reyes.
- 1
Salmo de David. JEHOVÁ dijo á mi Señor: Siéntate á mi diestra, en tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies.
- 2
La vara de tu fortaleza enviará Jehová desde Sión: domina en medio de tus enemigos.
- 3
Tu pueblo serálo de buena voluntad en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad: desde el seno de la aurora, tienes tú el rocío de tu juventud.
- 4
Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melchîsedech.
- 5
El Señor á tu diestra herirá á los reyes en el día de su furor.
- 6
Juzgará en las gentes, llenará las de cadáveres: herirá las cabezas en muchas tierras.
- 7
Del arroyo beberá en el camino: por lo cual levantará cabeza.
Dos oráculos, dos oficios
El salmo se sostiene en dos discursos divinos. El primero (v.1) sienta al rey a la diestra de Dios; el segundo (v.4) se sella con un juramento que Dios no cambiará, instalando un sacerdocio más antiguo que el de Aarón, ligado a Melquisedec y no a la línea levítica.
La imagen final es extraña y terrena: entre reyes quebrantados y cadáveres amontonados (vv.5-6), el vencedor "del arroyo beberá en el camino; por lo cual levantará la cabeza" (v.7). Una pausa junto a la corriente, y luego la persecución renovada.
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