RV1909

Salmos 128

Cántico gradual que bendice la casa común: quien teme a Jehová come el fruto del trabajo de sus propias manos, con la mujer como parra fecunda y los hijos como plantas de olivo en torno a la mesa (vv. 1-3). El premio es la paz doméstica, no la victoria guerrera. Observa cómo en el v. 5 la mirada se abre: la bendición sale "desde Sión" y termina abarcando a todo el pueblo, "la paz sobre Israel".

  1. 1

    Cántico gradual. BIENAVENTURADO todo aquel que teme á Jehová, que anda en sus caminos.

  2. 2

    Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado tú, y tendrás bien.

  3. 3

    Tu mujer será como parra que lleva fruto á los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivas alrededor de tu mesa.

  4. 4

    He aquí que así será bendito el hombre que teme á Jehová.

  5. 5

    Bendígate Jehová desde Sión, y veas el bien de Jerusalem todos los días de tu vida.

  6. 6

    Y veas los hijos de tus hijos, y la paz sobre Israel.

El trabajo que al fin se disfruta

La promesa del v. 2 invierte la maldición del esfuerzo inútil donde otro recoge lo sembrado: aquí el trabajador conserva su cosecha, y eso se llama bienaventuranza.

El deseo de ver "los hijos de tus hijos" (v. 6) extiende la bendición por tres generaciones, atando un hogar firme a la larga supervivencia del pueblo.

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