RV1909

Salmos 42

La célebre imagen del ciervo que brama por las aguas abre un salmo de añoranza, no de un lugar exactamente sino de la presencia de Dios. El que habla está lejos, al norte, cerca del nacimiento del Jordán, el monte Hermón y el collado de Mizar (v.6), y sus lágrimas son su pan mientras los burladores repiten: '¿Dónde está tu Dios?' Lo que lo sostiene es un estribillo que se dice a sí mismo: '¿Por qué te abates, alma mía?... Espera en Dios' (v.5, 11). Note cómo discute con su propia tristeza en vez de negarla.

Lectura paralela
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Salmos 42 (RV1909)
  1. 1

    Al Músico principal: Masquil á los hijos de Coré. COMO el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

  2. 2

    Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¡cuándo vendré, y pareceré delante de Dios!

  3. 3

    Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?

  4. 4

    Acordaréme de estas cosas, y derramaré sobre mí mi alma: cuando pasaré en el número, iré con ellos hasta la casa de Dios, con voz de alegría y de alabanza, haciendo fiesta la multitud.

  5. 5

    ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar por las saludes de su presencia.

  6. 6

    Dios mío, mi alma está en mí abatida: acordaréme por tanto de ti desde tierra del Jordán, y de los Hermonitas, desde el monte de Mizhar.

  7. 7

    Un abismo llama á otro á la voz de tus canales: todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.

  8. 8

    De día mandará Jehová su misericordia, y de noche su canción será conmigo, y oración al Dios de mi vida.

  9. 9

    Diré á Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?

  10. 10

    Mientras se están quebrantando mis huesos, mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?

  11. 11

    ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar; es él salvamento delante de mí, y el Dios mío.

El comienzo del Libro Segundo

El Salmo 42 inicia el segundo libro del Salterio y una serie de salmos ligados a los hijos de Coré. Su tono se desplaza de los lamentos individuales de David hacia el destierro y la lejanía del templo, ese dolor de recordar cómo 'iba con la multitud' a la casa de Dios (v.4).

La frase 'un abismo llama a otro' (v.7), olas y cascadas que pasan sobre él, convierte la geografía en emoción: las aguas torrenciales del norte reflejan una pena que inunda más rápido de lo que él puede contener.

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