RV1909

Salmos 62

Una meditación sobre reposar en silencio en Dios solamente bajo ataque: al que habla lo empujan como 'pared acostada' hombres que bendicen de boca y maldicen por dentro. Su respuesta no es contraataque, sino quietud. El estribillo 'él solamente es mi fuerte, mi salud, mi refugio' vuelve dos veces, y el salmo se ensancha para pesar a toda la humanidad: altos y bajos son menos que la vanidad en la balanza. Cierra con lo que Dios ha dicho sobre poder y recompensa.

Lectura paralela
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Salmos 62 (RV1909)
  1. 1

    Al Músico principal: á Jeduthún: Salmo de David. EN Dios solamente está acallada mi alma: de él viene mi salud.

  2. 2

    El solamente es mi fuerte, y mi salud; es mi refugio, no resbalaré mucho.

  3. 3

    ¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre? Pereceréis todos vosotros, caeréis como pared acostada, como cerca ruinosa.

  4. 4

    Solamente consultan de arrojarle de su grandeza; aman la mentira, con su boca bendicen, pero maldicen en sus entrañas. (Selah.)

  5. 5

    Alma mía, en Dios solamente reposa; porque de él es mi esperanza.

  6. 6

    El solamente es mi fuerte y mí salud: es mi refugio, no resbalaré.

  7. 7

    En Dios está mi salvación y mi gloria: en Dios está la roca de mi fortaleza, y mi refugio.

  8. 8

    Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón: Dios es nuestro amparo. (Selah.)

  9. 9

    Por cierto, vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón: pesándolos á todos igualmente en la balanza, serán menos que la vanidad.

  10. 10

    No confiéis en la violencia, ni en la rapiña; no os envanezcáis: si se aumentare la hacienda, no pongáis el corazón en ella .

  11. 11

    Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: Que de Dios es la fortaleza.

  12. 12

    Y de ti, oh Señor, es la misericordia: porque tú pagas á cada uno conforme á su obra.

Un veredicto pesado: poder y misericordia son de Dios

El verso 9 pone a personas de todo rango en la balanza y las halla 'menos que la vanidad', advertencia que desemboca en el consejo del verso 10 de no confiar en la violencia ni poner el corazón en la hacienda que crece. El cierre (v.11-12) da la razón en un dicho numerado —'una vez habló Dios; dos veces he oído esto'— que de Dios es la fortaleza, y también de él la misericordia, pues paga a cada uno conforme a su obra.

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