RV1909

Salmos 81

Abre como una fiesta: trompeta en luna nueva y luna llena, pandero, salterio y arpa, un estatuto puesto en José (vv.1-5). Luego, a mitad del poema, la voz cambia — Dios mismo habla, recordando el alivio de la carga y la prueba en Meriba. La celebración se vuelve queja. «Mi pueblo no oyó mi voz» (v.11), así que Dios lo dejó andar en sus propios consejos. Observe el giro de la fiesta a una bendición retenida.

Lectura paralela
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Salmos 81 (RV1909)
  1. 1

    Al Músico principal: sobre Gittith: Salmo de Asaph. CANTAD á Dios, fortaleza nuestra: al Dios de Jacob celebrad con júbilo.

  2. 2

    Tomad la canción, y tañed el adufe, el arpa deliciosa con el salterio.

  3. 3

    Tocad la trompeta en la nueva luna, en el día señalado, en el día de nuestra solemnidad.

  4. 4

    Porque estatuto es de Israel, ordenanza del Dios de Jacob.

  5. 5

    Por testimonio en José lo ha constituído, cuando salió por la tierra de Egipto; donde oí lenguaje que no entendía.

  6. 6

    Aparté su hombro de debajo de la carga; sus manos se quitaron de vasijas de barro.

  7. 7

    En la calamidad clamaste, y yo te libré: te respondí en el secreto del trueno; te probé sobre las aguas de Meriba. (Selah.)

  8. 8

    Oye, pueblo mío, y te protestaré. Israel, si me oyeres,

  9. 9

    No habrá en ti dios ajeno, ni te encorvarás á dios extraño.

  10. 10

    Yo soy Jehová tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto: ensancha tu boca, y henchirla he.

  11. 11

    Mas mi pueblo no oyó mi voz, é Israel no me quiso á mí.

  12. 12

    Dejélos por tanto á la dureza de su corazón: caminaron en sus consejos.

  13. 13

    ¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, si en mis caminos hubiera Israel andado!

  14. 14

    En una nada habría yo derribado sus enemigos, y vuelto mi mano sobre sus adversarios.

  15. 15

    Los aborrecedores de Jehová se le hubieran sometido; y el tiempo de ellos fuera para siempre.

  16. 16

    Y Dios lo hubiera mantenido de grosura de trigo: y de miel de la piedra te hubiera saciado.

Una boca abierta, sin llenar

La oferta de Dios es vívida: «ensancha tu boca, y henchirla he» (v.10). La tragedia del salmo es que Israel no quiso nada de él, y la promesa queda sin reclamar.

El final es el camino no tomado: si hubieran oído, Dios habría sometido a sus enemigos y los habría sustentado «con lo mejor del trigo» y «miel de la peña» (vv.14-16). El marco festivo hace doler la abundancia perdida.

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