RV1909

Cantares 3

Dos escenas muy distintas. Primero, una noche inquieta: ella deja su lecho y recorre las calles de la ciudad buscando "al que ama mi alma," la hallan los guardas, y al fin lo aferra y lo lleva a la casa de su madre. El mismo estribillo de no despertar el amor cierra la escena. Luego, de golpe, un cortejo real: "Quien es esta que sube del desierto como columna de humo?" El giro va de la busqueda privada al espectaculo publico, y de la voz de ella a la pregunta asombrada de una multitud.

Lectura paralela
Español (LatAm) + English
Cantares 3 (RV1909)
  1. 1

    POR las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma: busquélo, y no lo hallé.

  2. 2

    Levantaréme ahora, y rodearé por la ciudad; por las calles y por las plazas buscaré al que ama mi alma: busquélo, y no lo hallé.

  3. 3

    Halláronme los guardas que rondan la ciudad, y díjeles : ¿Habéis visto al que ama mi alma?

  4. 4

    Pasando de ellos un poco, hallé luego al que mi alma ama: trabé de él, y no lo dejé, hasta que lo metí en casa de mi madre, y en la cámara de la que me engendró.

  5. 5

    Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalem, por las gamas y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera.

  6. 6

    ¿Quién es ésta que sube del desierto como columnita de humo, sahumada de mirra y de incienso, y de todos polvos aromáticos?

  7. 7

    He aquí es la litera de Salomón: sesenta valientes la rodean, de los fuertes de Israel.

  8. 8

    Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra; cada uno su espada sobre su muslo, por los temores de la noche.

  9. 9

    El rey Salomón se hizo una carroza de madera del Líbano.

  10. 10

    Sus columnas hizo de plata, su respaldo de oro, su cielo de grana, su interior enlosado de amor, por las doncellas de Jerusalem.

  11. 11

    Salid, oh doncellas de Sión, y ved al rey Salomón con la corona con que le coronó su madre el día de su desposorio, y el día del gozo de su corazón.

La carroza de Salomon en desfile

La segunda mitad se detiene en un solo objeto: la carroza de Salomon de madera del Libano, columnas de plata, asiento de purpura, guardada por sesenta hombres armados por "los temores de la noche." El lujo del detalle desemboca en la corona que su madre le ciño el dia de sus bodas.

Junto a la busqueda nocturna y ansiosa de ella, la escolta armada y la corona suenan como su contraparte publica y grandiosa: dos respuestas al mismo temor de perder lo que se ama.

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