RV1909

Cantares 7

Este es el elogio más extenso del cuerpo de ella en todo el libro, pero asciende: de los pies en sandalias a los muslos, el talle, los pechos, el cuello, los ojos, la nariz y la cabeza, hasta el rey preso en su cabellera. Los puntos de referencia son lugares reales: los estanques de Hesbón, la torre del Líbano, el Carmelo. Luego cambia la voz. Desde el versículo 10 ella toma la iniciativa: lo invita al campo y a las viñas, y allí, entre las mandrágoras y los frutos que guardó para él, le promete su amor.

Lectura paralela
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Cantares 7 (RV1909)
  1. 1

    ¡CUÁN hermosos son tus pies en los calzados, oh hija de príncipe! Los contornos de tus muslos son como joyas, obra de mano de excelente maestro.

  2. 2

    Tu ombligo, como una taza redonda, que no le falta bebida. Tu vientre, como montón de trigo, cercado de lirios.

  3. 3

    Tus dos pechos, como dos cabritos mellizos de gama.

  4. 4

    Tu cuello, como torre de marfil; tus ojos, como las pesqueras de Hesbón junto á la puerta de Batrabbim; tu nariz, como la torre del Líbano, que mira hacia Damasco.

  5. 5

    Tu cabeza encima de ti, como el Carmelo; y el cabello de tu cabeza, como la púrpura del rey ligada en los corredores.

  6. 6

    ¡Qué hermosa eres, y cuán suave, oh amor deleitoso!

  7. 7

    ¡Y tu estatura es semejante á la palma, y tus pechos á los racimos!

  8. 8

    Yo dije: Subiré á la palma, asiré sus ramos: y tus pechos serán ahora como racimos de vid, y el olor de tu boca como de manzanas;

  9. 9

    Y tu paladar como el buen vino, que se entra á mi amado suavemente, y hace hablar los labios de los viejos.

  10. 10

    Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento.

  11. 11

    Ven, oh amado mío, salgamos al campo, moremos en las aldeas.

  12. 12

    Levantémonos de mañana á las viñas; veamos si brotan las vides, si se abre el cierne, si han florecido los granados; allí te daré mis amores.

  13. 13

    Las mandrágoras han dado olor, y á nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío, he guardado.

Quién invita y adónde

Antes él la llamaba a su huerto. Aquí ella lo invierte: «Ven, oh amado mío, salgamos al campo» (v.11). El escenario pasa de su huerto cerrado al campo abierto que ella ofrece.

Su estribillo «yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento» (v.10) recuerda a 6:3, pero ya no repite que él es suyo: que el deseo de él se vuelva hacia ella lo dice todo.

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