RV1909

Salmos 39

El poeta intenta amordazarse. Decidido a no pecar con la lengua mientras el malo lo observa, sella la boca (v.1-2), pero el silencio solo aviva el fuego interior hasta que estalla en una pregunta sobre lo breve que es la vida. La respuesta es sombría: días medidos en palmos, todo hombre 'una vanidad', la riqueza consumida como tela por la polilla (v.11). Note las pausas Selah que enmarcan esa dura aritmética de la mortalidad.

Lectura paralela
Español (LatAm) + English
Salmos 39 (RV1909)
  1. 1

    Al Músico principal, á Jeduthún: Salmo de David. YO DIJE: Atenderé á mis caminos, para no pecar con mi lengua: guardaré mi boca con freno, en tanto que el impío fuere contra mí.

  2. 2

    Enmudecí con silencio, calléme aun respecto de lo bueno: y excitóse mi dolor.

  3. 3

    Enardecióse mi corazón dentro de mí; encendióse fuego en mi meditación, y así proferí con mi lengua:

  4. 4

    Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuánto tengo de ser del mundo.

  5. 5

    He aquí diste á mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti: ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. (Selah.)

  6. 6

    Ciertamente en tinieblas anda el hombre; ciertamente en vano se inquieta: junta, y no sabe quién lo allegará.

  7. 7

    Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza en ti está.

  8. 8

    Líbrame de todas mis rebeliones; no me pongas por escarnio del insensato.

  9. 9

    Enmudecí, no abrí mi boca; porque tú lo hiciste.

  10. 10

    Quita de sobre mí tu plaga; de la guerra de tu mano soy consumido.

  11. 11

    Con castigos sobre el pecado corriges al hombre, y haces consumirse como de polilla su grandeza: ciertamente vanidad es todo hombre. (Selah.)

  12. 12

    Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor: no calles á mis lágrimas; porque peregrino soy para contigo, y advenedizo, como todos mis padres.

  13. 13

    Déjame, y tomaré fuerzas, antes que vaya y perezca.

De la lengua refrenada a la oración frágil

Lo que empieza como silencio disciplinado se vuelve lo contrario: una vez que habla, no puede dejar de pedirle a Dios que le muestre su 'fin' y le mida la fragilidad. La contención nunca fue paz; era presión.

Se llama a sí mismo 'peregrino' y 'advenedizo' ante Dios (v.12), como todos sus padres, y solo pide un poco de alivio antes de partir. Tras la enfermedad del Salmo 38, esta es la idea más amplia debajo: ¿cuánto vale medir cualquier vida humana?

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