RV1909

Salmos 58

Una querella dirigida contra jueces humanos que, en vez de impartir justicia, reparten violencia con sus manos. A los malvados se los retrata torcidos desde el vientre, con veneno de serpiente y sordos como el áspid que no oye al encantador. Observa cómo la oración pasa a una serie de imágenes que se desvanecen: agua que se escurre, saetas rotas, el caracol que se deslíe, el abortivo que no ve el sol. El último verso resume todo: hay un Dios que juzga en la tierra.

  1. 1

    Al Músico principal: sobre No destruyas: Michtam de David. OH congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿juzgáis rectamente, hijos de los hombres?

  2. 2

    Antes con el corazón obráis iniquidades: hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra.

  3. 3

    Enajenáronse los impíos desde la matriz; descarriáronse desde el vientre, hablando mentira.

  4. 4

    Veneno tienen semejante al veneno de la serpiente: son como áspide sordo que cierra su oído;

  5. 5

    Que no oye la voz de los que encantan, por más hábil que el encantador sea.

  6. 6

    Oh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas: quiebra, oh Jehová, las muelas de los leoncillos.

  7. 7

    Córranse como aguas que se van de suyo: en entesando sus saetas, luego sean hechas pedazos.

  8. 8

    Pasen ellos como el caracol que se deslíe: como el abortivo de mujer, no vean el sol.

  9. 9

    Antes que vuestras ollas sientan las espinas, así vivos, así airados, los arrebatará él con tempestad.

  10. 10

    Alegraráse el justo cuando viere la venganza: sus pies lavará en la sangre del impío.

  11. 11

    Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay fruto para el justo; ciertamente hay Dios que juzga en la tierra.

Maldiciones que piden deshacer, no aniquilar

Las peticiones de los versos 6-9 piden sobre todo reversión: que se les quiebren los dientes, que se escurran como aguas, que se rompan sus saetas. Los impíos aparecen ya medio deshechos, y el salmista solo pide a Dios que complete esa desaparición. La cruda escena del justo lavando sus pies en la sangre (v.10) es la prueba visible detrás del veredicto del verso 11: 'hay fruto para el justo'.

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