RV1909

Salmos 93

Cinco versículos abren el grupo de salmos de la realeza divina (93-99). Primero la aclamación: Jehová reina, vestido y ceñido de fortaleza, y el mundo queda afirmado, "que no se moverá" (v.1). Luego entran los ríos que alzan tres veces su sonido (v.3). Observe el choque de dos permanencias: las aguas que suben sin parar y el trono que es "desde entonces" (v.2). El cierre salta del cielo a la casa de Dios.

Lectura paralela
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Salmos 93 (RV1909)
  1. 1

    JEHOVÁ reina, vistióse de magnificencia, vistióse Jehová, ciñóse de fortaleza; afirmó también el mundo, que no se moverá.

  2. 2

    Firme es tu trono desde entonces: tú eres eternalmente.

  3. 3

    Alzaron los ríos, oh Jehová, alzaron los ríos su sonido; alzaron los ríos sus ondas.

  4. 4

    Jehová en las alturas es más poderoso que el estruendo de las muchas aguas, más que las recias ondas de la mar.

  5. 5

    Tus testimonios son muy firmes: la santidad conviene á tu casa, oh Jehová, por los siglos y para siempre.

Del trono al umbral

El salmo dedica cuatro versículos a lo inmenso —magnificencia, mundo firme, muchas aguas— y termina en algo cercano: "la santidad conviene á tu casa" (v.5). El mismo Dios que supera al mar es aquel cuyos testimonios "son muy firmes".

Los ríos repetidos no son solo agua; en los Salmos el mar suele representar el desorden hostil, y nombrarlo tres veces para ponerlo bajo Dios resume todo el breve cántico.

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